OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS

martes, 31 de julio de 2012

Héctor Tizón (1929-2012)


 


Homenaje de Vuelo de noche, al gran narrador jujeño







Fragmentos de la novela Luz de las crueles provincias (Alfaguara, Buenos Aires, 1995), que tan bien refleja la soledad, la orfandad, la difícil readaptación de los inmigrantes que se desparramaron por el país en el primer tercio del siglo XX.

Y rato después, cuando las luces de la ciudad se perdían hacia atrás y el tren se desplazaba hacia el oscuro corazón de la tierra, ellos se adormilaban en la molicie trepidante, monótona y tibia del vagón. Los dos viajeros ya para siempre juntos, sentados a la par y apoyados en la duermevela que precede al sueño, pensaban que la vida, sus vidas, habían partido de la inmensidad perdida, que el potente misterio de los sucesos y de los instantes transcurridos había pasado cerca de ellos y la luz mágica del tiempo los había alumbrado, y que, como todos los hombres, habían sido seres errantes, exiliados sobre la tierra, y que como todos carecían de hogar, y que dondequiera que las poderosas ruedas los llevaran, allí tendrían su hogar.
[…]
Y después alcanzaron los oscuros valles, en vísperas de la llegada. Pero antes hay una parada para reabastecerse de agua en una estación de empalme. Giovanni desciende para desaletargar las piernas y mira y piensa a qué distancias lo ha llevado la vida. Después vuelve al tren a desplazarse sobre su largo derrotero, y una y otra vez las estaciones se suceden sin que los viajeros logren retener sus nombres a poco que desaparecen en la marcha, y él, y ella, tal vez, piensa en el pueblecito remoto y escondido del cual ellos vienen, los rostros de sus parientes y amigos, las voces familiares, las sombras de las cosas que conocían, que parecen ya lejanos y extraños como los sueños olvidados, como un extraño y amargo milagro de la vida. Su pueblo, del cual más adelante solo recordarán su nombre y unas sombras equívocas. Ahora, piensa, toda su vida le parece más extraña incluso que el letargo del tiempo, y mientras tanto, el tren avanza a lo largo de este país nuevo, arrastrando su monotonía, que es el sonido del silencio y el sonido de lo eterno, en este tren y en las distancias vacías y los centenares de pueblos que duermen sobre la tierra.
(págs. 61-62)

Aun siendo pobres aquí es un placer que llueva, y llovía para todos. La lluvia nos hermanaba, como el sol, los terremotos, el viento de agosto y la visión del cielo. Nos hermanaba con fantasmas, porque aquí los pueblos son de casas cegadas, tejados vencidos o caídos, con patios de donde han huido los ecos tutelares, parrales estériles y tinajas ciegas. Y solo el eco de un tren ferroviario que aun pasa, de crujientes vagones despintados y copiosos de pasajeros trashumantes. Apenas se había quedado solo, sin apenas llorarla a la anterior, muerta de parto, aún el hijo balbuceante en la cuna, en una noche de éstas, tan cálidas y demoradas, había cruzado el ámbito y fue hasta su jergón, en la cocina, y fueron lágrimas de dolor y goce, seguramente, y ahora la llamaba Candelaria, como a otra su mujer que ya tuvo. El corazón de mi abuela –había dicho ella– era ya seco cuando yo lo conocí. Apenas si tenía palabras, palabras que eran como arquetipos de las cosas, crocantes o crujientes, titubeantes, como aisladas enseñanzas, lecciones para la sobrevivencia o para no morir. Candelaria no las tuvo y aquí no hay invención. No surge nada de la nada.

(pág 73)


 

Héctor Tizón: (1929, Yala, Jujuy- 2012)
Ex diplomático, juez en su provincia natal. Ha publicado, entre otros títulos, los libros de relatos A un costado de los rieles (1960; Alfaguara, 2001) y El gallo blanco (Alfaguara, 1992); las novelas Fuego en Casabindo (1969; Alfaguara, 2000), El cantar del profeta y el bandido (1972; Alfaguara, 2004), Sota de bastos, caballo de espadas (1975; Alfaguara, 2003), La casa y el viento (1984; Alfaguara, 2001), El viaje (1988), Luz de las crueles provincias (Alfaguara, 1995), La mujer de Strasser (1997), Extraño y pálido fulgor (Alfaguara, 1999), El viejo soldado (Alfaguara, 2002), La belleza del mundo (2004) y El hombre que llegó a un pueblo (1988; Alfaguara, 2005). Sus artículos y ensayos han sido recopilados en Tierras de frontera (Alfaguara, 2000) y en No es posible callar (Taurus, 2004), y sus relatos en Cuentos completos (Alfaguara, 2006). Su obra ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán. En 2008 publicó las memorias El resplandor de la hoguera (Alfaguara). Ha recibido, entre otros, los premios Konex, Academia Nacional de las Letras, Consagración y el Gran Premio 2000 del Fondo Nacional de las Artes. En 1996 recibió el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia. Fue uno de los más grandes narradores contemporáneos en lengua española. Su último libr, recientemente publicado: Memorial de la Puna

2 comentarios:

Juan Herrezuelo dijo...

Nada mejor para tributar un homenaje a un escritor desaparecido que leer alguna de las obras que, salidas de su imaginación, no desaparecerán nunca. Sobre todo si, como compruebo desde esta otra orilla, buena parte de su obra fue acogida por editoriales (por una editorial en concreto) española.

Vuelo de noche dijo...

Seguramente podrás leerlo, Juan, al menos el material que yo leí y tengo de él está publicado por Alfaguara.
Fue un grande y muy querido por sus pares.
Hace frío acá y nublado y neblinoso, qué nostalgia del verano que ustedes disfrutan!!
Abrazo desde la orilla americana.